Acompaño procesos individuales, de pareja y familiares desde una mirada que integra la historia personal, las dinámicas relacionales, el cuerpo, las emociones y el contexto social.
Siempre he tenido una sensibilidad especial para comprender qué sucede entre las personas: los patrones que se repiten, los silencios, los lugares que ocupamos sin darnos cuenta, las lealtades familiares y los miedos que heredamos.
A través de mi propia historia personal y de la formación especializada, esta manera de mirar se convirtió en una vocación: acompañar procesos en los que los vínculos son clave para transformar la manera en que vivimos y nos relacionamos.
Te acompaño desde la escucha emocional, la presencia y el movimiento para transformar las dinámicas que te habitan y las que construyes con los demás.
Crecí en un sistema familiar en el que los vínculos, los roles y las alianzas tenían mucho peso y eran confusos.
Ser la primogénita, ocupar lugares que no me correspondían y atravesar situaciones de violencia me llevó a desarrollar, sin proponérmelo, una habilidad y sensibilidad especiales para comprender qué sucedía entre las personas: los silencios, las lealtades invisibles, los movimientos sutiles, aquello que no se dice pero se sabe y lo que se repite sin que seamos conscientes de ello.
Con los años y la formación, pude poner palabras a aquello que había intuido toda mi vida: que nuestra historia familiar nos configura profundamente y que también podemos revisarla, comprenderla y transformarla.
He vivido en primera persona procesos de cambio profundo: dejar atrás patrones aprendidos, salir de una relación de violencia de género, reconstruir el vínculo conmigo misma y recuperar el cuerpo como un lugar seguro y de presencia.
Esta experiencia vital, junto con mi formación sistémica, corporal y feminista, es hoy el lugar desde el que acompaño.
Sé lo que es mirar la propia historia con honestidad. Sé lo que es necesitar un espacio seguro para hacerlo. Sé lo que es deshacer dinámicas aprendidas y crear otras nuevas.
Por eso, acompaño desde una presencia tranquila y clara, con escucha profunda y sin juicio, prestando atención a lo que sucede en las emociones, al cuerpo que nos habla y a las dinámicas que se dan en los vínculos.